DOS DE TRES CAIDAS
Días 10 y 11 de Expedición
Por Laura González del Castillo
A lo largo de nuestra vida todos los seres humanos tenemos la posibilidad de elegir. Y si bien es cierto que no elegimos en donde nacemos, si nuestra familia es rica o pobre, si nuestros hermanos son los peores o mejores del mundo, lo que es una realidad es que todos los dîas hacemos pequeñas elecciones que al paso del tiempo nos llevan a decidir aspectos trascendentales de nuestra existencia. Lo felices o infelices que somos con la vida que hemos elegido, depende sobre todo de nuestra actitud ante los problemos, de cuánto disfrutamos lo que hacemos y sobre todo si vivimos en armonía con nuestro entorno.
En nuestro tercer día caminando hacia el Campo Base del Gasherbrum II, dejamos Paju antes siquiera que salieran los primeros rayos del sol. La caminata sería larga, así que a las 5:45 a.m., escaladores y porters dejamos ese pequeño remanso de paz para comenzar nuestro recorrido por el Glaciar del Baltoro.
Como ha ocurrido con la mayoría de los glaciares del mundo, éste no es la excepción; lo que antes eran cascadas de hielo, se han convertido en kilómetros de piedras cubiertas por una fina capa de hielo que las convierte en perfectas resbaladillas. A la hora y media de haber iniciado, ante nuestros ojos aparecían las bellísimas Torres del Trango y Nameless Tower; más adelante, pudimos sorprendernos con la majestuosa vista del Broad Peak, el segundo ochomil que hemos podido ver, de los cinco que se encuentran en Pakistán. Amargos recuerdos tiene Yuri de esta montaña, mismos que se han ido diluyendo conforme avanzamos en esta nueva aventura.
Como los días anteriores, seguíamos Yuri y yo muy de cerca a nuestro sherpa pakistaní Mohamed, cuando llegamos a un río ancho y sin puente para cruzarlo. Mohamed lleva en lugar de stick un palo de bambú que hace las veces de bastón, así que con la seguridad que tiene para andar en este tipo de terreno, saltó a la única piedra resbaladiza que había dentro del río y desde ahí me ayudo a cruzar utilizando primero el palo de bambú como cuerda y después como apoyo para saltar hasta la otra orilla. Viendo que no era sencillo saltar el río sin ayuda, se puso a mover una roca para tirarla dentro y que los que venían detrás pudieran hacerlo fácilmente. En ese momento llegó Yuri a la orilla y por más que le grité que se esperara a que Mohamed colocara la roca, el ruido de la corriente de agua no dejaba escuchar nada, así que solo lo ví que guardó su ipod y sin duda alguna brincó a la roca resbaladiza, apoyó un pie y cuando intentó poner el otro pie, cayó al agua helada sumergiéndose totalmente; afortunadamente Mohamed había colocado ya la otra roca y brincó en ella para detener a Yuri, de otra manera la corriente lo hubiera arrastrado.
Con la ropa empapada y temblando por el baño con agua del deshielo, continuamos nuestro camino. Una media hora después, pudo poner a secar toda su ropa mientras tomábamos el lunch bajo los rayos del sol.
Proseguimos nuestro camino y como un premio para menguar nuestro cansancio, se dibujó en el horizonte el Gasherbrum IV, la más difícil de todas las montañas en el mundo, que de ser un ochomil, sería aún más complicada que el mismo K2.
Asombrados por su belleza y al ir pasando por una ladera de rocas y grava suelta, me resbalé y caí solo un poco, pues alcancé a detenerme de una piedra grande. Unos pasos más y en el mismo lugar, Dorgi uno de los sherpas, se cayó y rodó varios metros hacia el fondo de la ladera.
Tuvimos suerte, los tres con algunos golpes, pero bien y sobre todo felices cuando después de casi nueve horas llegamos a Urdukas a 4,070 metros de altura.
Esta es la vida que elegimos vivir, este cansancio, estos golpes, este esfuerzo y esta maravilla de mundo es el que elegimos disfrutar.
Día 11, de Urdukas a Gore II
Nuestra estancia en Urdukas se coloreó con la alegría de México, pues platicando en el camino con Peter, nuestro Líder de expedición, le contamos cómo se celebran las fiestas en nuestro país y debido a que ese día era el cumpleaños de Christopher [alemán], decidió que le organizaramos una piñata, así que por la tarde y con los últimos rayos del sol iluminando las montañas que nos rodeaban y una piñata improvisada con una bolsa de plástico llena de dulces y galletas; sherpas, porteadores y escaladores, cantamos el Dale, dale, dale, y mareamos a Christopher. Cuando la bolsa se rompió , quedamos asombrados al ver como se lanzaron al suelo los porteadores y en un instante desapareció el contenido de la piñata.
Con la felicidad de la tarde anterior, partimos temprano a Gore II, alcanzando 4,300 metros de altura y continuando con nuestra aclimatación.
Como montañistas, la vida que elegimos quizás no es la más cómoda, no es la que nos hace más ricos o poderosos, pero sin lugar a dudas, es la que nos llena de vida, alegría y amor a cada paso que damos.
DE HEROES Y MONTAÑAS
Por Laura González del Castillo Aranda,
Día 12 de Expedición
Cuánto más despejado esté el cielo y se vean más estrellas, más frío hace...nos decía el Teniente que fue a visitarnos al Campamento en Urdukas y tenía toda la razón. La noche en GORE II, fue una auténtica pesadilla. El cielo estaba hemoso, la vía lactea podía verse claramente; la luna, acompañada de su eterno guardián Venus, iluminaban el firmamento con la promesa de un descanso reparador para todos los integrantes de la expedición, que cobijados con sleepings y dentro de las tiendas de campaña empezábamos a conciliar el sueño. La noche de ensueño súbitamente se transformó en pesadilla, ya que Yuri se enfermó de una gastroenteritis aguda, que lo hizo ir cuatro veces al baño.
En condiciones normales, enfermarse del estómago es una friega, sus síntomas como vómito, diarrrea, náusea y debilidad corporal, nos hacen decidir muchas veces no ir a trabajar o a la escuela. En la montaña no tenemos esta posibilidad y se complica aún más pues a mitad de la noche hay que salir de la tienda, varios grados bajo cero, caminar en la obscuridad, encontrar el lugar destinado para defecar y hacerlo sin tener donde sentarse.
La rutina anterior la repitió Yuri durante cuatro ocasiones en la noche-madrugada y sin excusa alguna a las 5:00 a.m. nos comenzamos a alistar, pues en este tipo de expediciones, el que alguien se enferme no puede retrasar al resto de escaladores, sherpas, porteadores y todos los animales de carga que nos ayudan a transportar el material necesario para escalar. Para completar el cuadro, por primer día desde que iniciamos el acercamiento a la montaña, mientras desayunábamos comenzó a nevar.
El paisaje se vistió de blanco; súbitamente pasamos del desierto a los Alpes. A nuestro paso aparecía imponente la montaña Muztang Tower y cientos de picos escarpados y nevados.
Toda esta belleza servía un poco de consuelo a lo mal que se sentía Yuri y durante casi cinco horas lo ví caminar, subir, saltar piedras y grietas con una fortaleza que admiro y respeto. Otro de nuestros compañeros Christopher, también se sentía mal, solo que él anduvo más despacio y nunca en el camino lo ví.
Poco antes de llegar a Concordia, donde acampamos el día de hoy, entre las nubes pudimos contemplar el monte K2, nos quedamos sin palabras, la segunda montaña más alta del mundo y la más difícil de los catorce ochomiles, nos hizo detenernos y admirarla. Nuestro sherpa pakistaní Mohamed, a quien todos llamamos Mamat, recordó las 3 ocasiones que ha estado ahí, en una coronó su cumbre y las otras dos ocasiones alcanzó el cuello de botella a 8,500 metros.
Ante tanta grandeza de hombres y montañas, solo podemos decir que tenemos muchos héroes. Hoy, mi héroe eres tu Yuri, que nunca te quejaste y calladamente caminaste kilómetros y más kilómetros .
Estamos ya en Concordia a 4,600 mts. De altura, lugar donde convergen los glaciares de Baltoro y Goldwing-Austen.
Con nuestra tienda de campaña orientada hacia el K2 y el Broad Peak, dormiremos esta noche, nuevamente cobijados por las estrellas, nuestros sueños y esperando que Yuri se sienta mejor.

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